Muel

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Muel, fusión de culturas

Bañada por el serpenteante río Huerva, a 26 km de Zaragoza, se asienta sobre una loma, plácida y ajena al ajetreo urbano, la Muy Leal Villa de Muel. Los más de 1.400 muelenses que moran en su territorio tratan de armonizar un pasado agrícola todavía vigente con un presente industrial y de servicios, y un turismo cultural y de ocio, consecuencia de su rico y pintoresco patrimonio religioso, civil y medioambiental. Una curiosidad: la villa está hermanada con Müel, una pequeña localidad de la Bretaña francesa.

El clima, orografía y las características geológicas del terreno, el río y sus diversos pobladores a lo largo de la historia han conformado un enclave singular donde los haya. Con pasado íbero documentado, tras asentarse en la zona y promover la agricultura en el siglo I a.C., sus nuevos moradores romanos construyeron una presa que abastecía agua a los asentamientos del valle del Huerva, incluida Caesaraugusta, la actual Zaragoza.

El enclave progresó lentamente con colonizadores visigodos hasta la llegada de los musulmanes en el siglo VIII, que propiciaron un crecimiento poblacional y económico sostenido con un desarrollo inédito de la agricultura y la alfarería. En 1118, Alfonso I de Aragón, el Batallador, conquistó la plaza, la cristianizó y la consolidó como centro urbano. De hecho, aún conserva su estructura típicamente medieval de estrechos y sinuosos callejones.

Durante la Guerra de Sucesión, entre 1702 y 1713, el marqués de Camarasa, señor entonces de la villa, apoyó a Felipe V de Borbón frente al archiduque Carlos de Austria, el otro pretendiente a la corona, recibiendo a cambio Muel, el título de ‘Fiel Villa’. La llegada de las tropas napoleónicas un siglo después también tuvo consecuencias, pero poco edificantes.

Información de interés

Qué ver en Muel

Muel alberga por tanto un conjunto arquitectónico y patrimonial de gran valor histórico, caracterizado por edificaciones mudéjares, renacentistas o barrocas. Más allá de su intrincado trazado urbano propio del medievo, las estrechas callejas y vericuetos de su casco antiguo muestran un claro influjo musulmán, pero también judío. Situada bajo una vivienda al pie de la calle Mayor sigue aún en pie la única puerta mudéjar de varias por las que se accedía a su casco antaño amurallado. Su arco de medio punto atestigua sus raíces y período histórico de edificación.

A pocos metros calle arriba, a la derecha, la antigua vivienda de la tía Calistra es hoy un museo etnográfico privado que atesora enseres, útiles y objetos de la vida cotidiana de otras épocas. En la plaza de España, el centro neurálgico de la villa, frente al consistorio, sendas casas-palacio señoriales de los siglos XVI y XVII de estilo renacentista aragonés despliegan un sinfín de detalles curiosos.

Muy próxima, la iglesia parroquial de San Cristóbal (1706) combina barroco tardío, patrón constructivo y decorativo en boga en la época, y elementos mudéjares particularmente evidentes en su imponente torre campanario de base mudéjar, vestigio de un templo prexistente de origen más antiguo. Otra rareza: el templo conserva un órgano  construido por un organista de la Villa de Luna(Zaragoza) en 1696.

Pero Muel posee un auténtico oasis a escasos metros de su centro urbano: solo hay que seguir las indicaciones. El parque municipal, en el que concurren historia y naturaleza, es un vergel protegido con áreas de descanso y elementos ornamentales, un ejemplo de turismo sostenible y conservación armónica de patrimonio natural y arquitectónico.

Allí se concentran sus grandes atractivos: la gran presa/dique de origen romano, construida entre los siglos I a.C. y I d.C., de más de ocho metros de altura, fue la más relevantes de la Hispania romana y la más grande de Europa en su época. Su función: abastecer de agua los asentamientos del valle. Su vaso ocupaba de hecho 8 Ha… Con el paso de los siglos, los sedimentos han ido colmatando el cauce en su práctica totalidad hasta crear una frondosa vega. Actualmente solo son visibles una porción de su muro de contención y su parte superior. Con un estanque alimentado por un manantial al pie, su buen estado de conservación permite apreciar su verdadera magnitud.

El desvío del cauce del Huerva y una canalización premeditada bajo unas viviendas próximas, han deparado que su caudal brote en pleno corazón del parqueen forma de enorme cascada que ha provocado la formación de un enorme estanque: una estampa ausente, sin embargo, por la pertinaz sequía de este año.

Pero no solo los romanos alumbraron este lugar mágico: cuando los musulmanes dieron con él también dejaron su legado. Ubicados en una posición de privilegio sobre la cascada, así lo revelan los vestigios delos muros almenados de un antiguo castillo-fortaleza con torres en sus extremos, con rango de Bien de Interés Cultural (BIC). También han contribuido al embrujo del lugar los restos del palacio contiguo del Marquesado de Camarasa, construido en el siglo XVII, y del que han llegado hasta hoy testimonios de su antigua magnificencia: de hecho, sus estancias estaban embaldosadas con azulejería típica del lugar.

Ya en el parque, y dando la bienvenida al visitante entre paseos de plataneros de sombra diestramente entrelazados, un estanque, canalizaciones, jardines de rasgos mediterráneos y especies aromáticas, la Casa de cultura y biblioteca municipal se alza altiva presidiendo el conjunto. Más abajo, al pie de la bulliciosa cascada –cuando el caudal del río lo tiene a bien…−, entre sauces, especies de ribera y cañas, bajo una vieja planta hidroeléctrica rehabilitada en 1999 como sala de exposiciones, La Central, se adivina el molino comunal donde los alfareros (olleros) moriscos molían antaño sus barnices.

El legado del genio de Fuendetodos

La guinda la pone la ermita de Nuestra Señora de la Fuente, erigida sobre la obra de ingeniería hidráulica romana. Reconstruida en 1770, cuatro años después de que una riada devastara la original de estilo románico, es el monumento quizá más emblemático de la villa. De estética clasicista, su única nave está ornada a ambos lados con distintos altares y una capilla central con la talla de la Virgen. De propiedad municipal, no es solo un lugar de culto, sino un tesoro artístico. Los paños de azulejería local de la época en torno al altar evidencian un rasgo de la identidad local: su vínculo con las artes y los oficios.

El complemento de su diseño arquitectónico es un encargo decorativo especial en las pechinas de su cúpula y un protagonista de excepción: un jovencísimo Francisco de Goya. Entre 1770 y 1773, el genio dejó su impronta única en cuatro óleos al fresco de los denominados ‘padres de la iglesia’, o ‘padres cristianos’: San Ambrosio, San Gregorio Magno, San Agustín y San Jerónimo. El templo tiene también consideración de Bien de Interés Cultural (BIC), con visitas de divulgación de tal patrimonio singular que gestiona el propio Ayuntamiento. La proximidad del lugar de nacimiento de Goya, Fuendetodos, a 25 kilómetros, añade si cabe valor extra a las pinturas del genial maestro.

Muel: Un enclave cerámico y vivo

Según documentos de la época, la presencia de alfares en Muel se remonta a 1048, cuando sus primeros azulejos empezaron a afluir a Saraqusta (Zaragoza, en árabe). Lo cierto es que la cerámica está omnipresente en cada rincón del casco urbano: desde los murales con la cartografía local de las entradas de la villa, a los rótulos de sus intrincadas callejas o la ornamentación de las fachadas.

Aun así, el primer relato detallado del oficio cerámico en la villa lo firmó Enrique Cook, oficial arquero apostólico al servicio del rey Felipe II, en su texto manuscrito Anales del 85: «Buenos platos y escudillas, y cántaros y jarras de brillante esmalte para el buen vino de Cariñena […]. Resueltos mezclando tierras de las poblaciones próximas de Mozota, Vallangua del Balsón y Botorrita, removidas en balsas por un retablillo, pasadas por un cedazo y dispuestas en panes, y ya listas para darle forma en los obradores».

Tras la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III en 1609−lo cierto es que había censados 46 alfares y, ya que apenas hubo conversiones, prácticamente todos se fueron; según las crónicas, solo quedaron en el pueblo 16 familias…−, Camarasa, señor de la villa, la repobló con artesanos de confesión cristiana, sobre todo de Reus y Barcelona, que reprodujeron sus motivos naturales habituales, garantizando no obstante la continuidad del oficio. Aun así, el éxodo supuso el olvido de técnicas diferenciales como el reflejo metálico. La cerámica local alcanzó su momento de esplendor durante ese siglo y el siguiente, decayó en el XIX y casi se extinguió a mitad del XX.

De la magnitud, carácter, destreza y persistencia del oficio a lo largo del tiempo dan fe la infinidad de objetos presentes en infinidad de museos no solo nacionales. Desde menaje de hogar, utensilios de farmacia, jarrones, cántaros, botijos, pilas bautismales, macetas, platos, objetos de uso decorativo, azulejería… Su peculiar combinación de blanco y azul se debe sin embargo a su pasado morisco. Su importancia en el pueblo queda patente en callejas, enclaves y rincones de su casco urbano.

Si en el siglo XVI, buena parte de la población local se dedicaba al oficio, con el tiempo, la cerámica entró en desuso. Creada hace más de 30 años, la Asociación de Ceramistas de Muel no ha cejado en su intento de revitalizar tal tradición artesanal e indagar también en la contemporaneidad, convocando eventos para aficionados y profesionales, talleres de pintura, cocciones, exposiciones…

Pero si hoy Muel mantiene de algún modo su estatus en el mundo de la cerámica y su prestigio nacional e internacional se debe al Taller Escuela Cerámica de Muel, dependiente de la Diputación Provincial de Zaragoza. Fundada en 1964con el propósito de conservar tamaño legado, testimonio del rico pasado artístico y cultural de la villa, este año, 2024, celebra su sexagésimo aniversario con jornadas de puertas abiertas los fines de semana y otras actividades.

Situado a en la salida del pueblo por la N-330, en dirección Teruel, además de talleres de producción y decoración, el Taller Escuela dispone de un espacio expositivo de referencia −la sala Enrique Cook−, y talleres didácticos tanto para escolares, adultos o profesionales… De hecho, por el centro pasan a diario multitud de interesados, curiosos, consumidores de cerámica…Todos estos esfuerzos han asegurado de algún modo que la tradición sobreviva, y que las nuevas generaciones puedan apreciar la magnitud real de tal legado.

¿Cómo llegar a Muel?

Adscrita a la comarca de Cariñena, la villa está situada a 26 km de la capital maña, y a 19 de la propia Cariñena. Dispone de una buena conexión viaria por la Autovía Mudéjar A-23 o la N-330. Desde Teruel, también por la A-23, el tiempo estimado es de 1 hora y 20 minutos. Y, por supuesto, también es posible acceder a la villa por tren. Ojo a la denominación de la estación: Arañales de Muel.

Consejos prácticos

  • El entorno de la villa ofrece más alternativas a los amantes de los parajes genuinos, la contemplación a vista de pájaro delos paisajes de la ribera baja del Huerva, el avistamiento de especies de aves no solo autóctonas, debido a la proximidad de una zona de especial protección para las aves (ZEPA),o la singular orografía de la localidad. Ya sean paseos o andadas a miradores naturales próximos−ya sea el Cabezo de San Borombón, el Cabezo de la Torre, la Peña del Águila, la Plana del Agudillo o la Plana de La Muela−; o la visita a dos lugares singulares: el Pinar o la cueva de La Galocha.
  • En cualquier caso, más allá de la cerámica o el entorno, es aconsejable no abandonar la villa sin productos de su gastronomía, como sus tradicionales longanizas, preparadas a diario en las dos carnicerías locales; sus típicas tortas harinosas, elaboradas con harina, aceite de oliva y azúcar, populares por su textura particularmente esponjosa y su dulce sabor;
  • También destacamos los vinos de dos bodegas locales: Heredad Ansón y Cooperativa Virgen de la Fuente, ambos dentro de la DOP Cariñena. En la Fonda Rubio, antigua posada de carreteros fundada en 1968 y regentada por los abuelos de su actual propietario, podrá degustar sus carnes a la brasa, sus recetas con cardo local o sus clásicas migas.

Con la colaboración del Ayuntamiento

Mapa de localización

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